Calor nos lleva a sur,
pero no son los septentrionales los únicos que dudan:
No lo hace por tener más carisma y sintomático misterio, pero el alucinado lleva las gafas que le hacen ver el mundo desnudo, es decir, como metáfora de sí mismo, y es natural que, con esas imágenes delante, diga cosas raras, que parecen delirios, o delirios. Oh, delirios. Aunque tampoco yo consigo decidir si lleva las gafas o se las ha quitado.
Esta semana, si somos de los que cuentan desde la segunda feira, empezó el 3 de agosto, día en que se cumplían treinta años de la muerte de Ánguelos Terzakis, cuya novela Viaje con Venus leí hace poco. Qué novela extraña y delicada, que es como si Hermann Hesse hubiera escrito a la sombra de una higuera, como un Demian jaleado por las chicharras griegas.
El día siguiente, que era martes, como la semana no es una alucinada y respeta las consecuciones, fue 4 de agosto, oh, como la editorial que arroja el mes a la clandestinidad:

Pero estábamos con el sur. Aquí este hombre, que acaba de cruzar la frontera no sin antes dejarnos unos collares, robados o ganados a las cartas, no heredados, y de hermosas piedras irregulares, nos dice que el sur es un sitio where a man can be free (donde un hombre puede ser libre):
¿No queremos nosotros ser libres? Sur, calor, alucinación, intuición.