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sábado, 8 de agosto de 2009

Los alucinados #2: Poetas agostados, sures liberadores y lobos esteparios entre chicharras

Esta vaga serie que titulo Los alucinados merodea junto a los que padecen (¡o gozan!) las alucinaciones de las altas temperaturas. Un alucinado va por el mundo como fuera del mundo, lo reconocemos perfectamente en sus reacciones, que rompen la cadena esperable de los hechos, el collar, heredado a través de las generaciones, de las perlas de la causa y el efecto. Pero no nos dejemos llevar por el desmayado (a causa de la calorina) entusiasmo de avistar la punta del iceberg este raro que se mantiene a pesar de los cuarenta grados: es más interesante y menos avistable el proceso interno del alucinado. El calor nos exige un ahorro de energía, o más bien es que no exige que pongamos en marcha la compleja maquinaria de las deducciones que se necesitan al norte para no quedarse uno congelado mientras busca la conclusión que una sus ideas con sus percepciones. Es decir, es cantar, que vamos a hacer unas asociaciones de ideas en lugar de entregarnos a las laboriosas deducciones, propias de temperamentos más atemperados o directamente frioleros.

Calor nos lleva a sur,

pero no son los septentrionales los únicos que dudan:



No lo hace por tener más carisma y sintomático misterio, pero el alucinado lleva las gafas que le hacen ver el mundo desnudo, es decir, como metáfora de sí mismo, y es natural que, con esas imágenes delante, diga cosas raras, que parecen delirios, o delirios. Oh, delirios. Aunque tampoco yo consigo decidir si lleva las gafas o se las ha quitado.

Esta semana, si somos de los que cuentan desde la segunda feira, empezó el 3 de agosto, día en que se cumplían treinta años de la muerte de Ánguelos Terzakis, cuya novela Viaje con Venus leí hace poco. Qué novela extraña y delicada, que es como si Hermann Hesse hubiera escrito a la sombra de una higuera, como un Demian jaleado por las chicharras griegas.

El día siguiente, que era martes, como la semana no es una alucinada y respeta las consecuciones, fue 4 de agosto, oh, como la editorial que arroja el mes a la clandestinidad:



Pero estábamos con el sur. Aquí este hombre, que acaba de cruzar la frontera no sin antes dejarnos unos collares, robados o ganados a las cartas, no heredados, y de hermosas piedras irregulares, nos dice que el sur es un sitio where a man can be free (donde un hombre puede ser libre):



¿No queremos nosotros ser libres? Sur, calor, alucinación, intuición.

lunes, 27 de julio de 2009

came back to nothing special

Hace tanto calor que uno ha tenido muchas vidas:

domingo, 26 de julio de 2009

La escritura como labor de camilla

Hace tanto calor que el aire que entra por la ventana y me da en las piernas -que tengo debajo de la mesa- se me antoja un inspirador braserito:

Los alucinados #1: Todo calor es verdaderamente inútil

Todo arte es verdaderamente inútil, acababa el prefacio de Dorian Gray en la traducción que yo leí. ¿Verdaderamente?

Qué extraña elección la de ese adverbio. Verdaderamente. Es como decir por muchas vueltas que le he dado, o si uno quiere ser sincero, o en honor a la verdad, pero siempre como si lo dijera alguien que ya ha acariciado una teoría y su contraria. No sé si hay teorías que se despliegan entre los extremos. Si no son extremas, no son teorías, son "amoldarse a lo que hay", y son "con estos bueyes hay que arar".

Esa es la frase, todo arte es verdaderamente inútil, que me ha venido a la mente mientras me desplazaba por la calle hace un rato. Como hace mucho calor, cualquier trayecto se ve modificado por lo menos en una característica, que es la de que se tarda en recorrer un cierto porcentaje más de tiempo. Un veinte por ciento más, por ejemplo, que en el mes de abril, por ejemplo. Además, el terrible calorazo hace que lo que nos circunda sea irreal, y a la vez nos saca de forma tan eficiente de la concatenación de nuestras circunstancias que uno está como nuevo y lavado -¡en el apogeo de su sudoración!-, ay rescatado de su plasta persona, entonces yo me imagino que camino por unas colinas y al fondo se levanta un templo griego como sostenido por las frenéticas chicharras, y de lo más material del mundo, de tanto como el calorón nos restriega en el corporal rostro nuestra naturaleza corporal, emana una chicharra sufí que es la chicharra del silencio.

Es, claro, el cuerpo el que nos lleva por las calles, y el pensamiento lo he notado más marmóreo, y el cuerpo sufre el calor y por eso produce frases y no pensamiento como vuelo de fugaz mariposa.

I cilindri del calore:

miércoles, 1 de julio de 2009

1 de julio

el mes de julio, de julio, de julio, de julio, de julio, de julio





Y del laconismo, parece.