Como tengo lectores hasta de Vietnam, creo que es mi obligación dar a conocer obras más recoletas de la tradición literaria española. El palíndromo de hoy resume una escena que para los conocedores de nuestra tradición literaria es tan célebre como la del ciego y Lázaro comiéndose cada uno una uva más que el otro. La reconocerán sin duda:
Arutimo, coge allí, cromañón zagal, la gazmoña morcilla egocomitura.
La reconocerán sin duda, eso sí, aquellos que hayan estudiado a fondo la literatura renacentista española. A tales lectores les pido paciencia mientras desentraño para los menos formados en la materia los secretos de la frase.
Arutimo es el criado del que habla. Su nombre se ha elegido en la misma lista que los de Nemoroso, Galatea, Tisbe, etc. Se trata de una marca de la época que al lector avisado le bastaría para datar la composición de que nos ocupamos. Pero adelante. El amo, como es costumbre en la época, lo trata sin muchas contemplaciones. Coge allí es la ruda orden, seguida por el zaheridor insulto: cromañón zagal. O sea, un jovencillo medio bruto. Como si no fuera culpa del amo que el pobre no tenga tiempo, ni ánimo, para cultivarse.
El objeto de la orden del poco mirado amo es la morcilla. Aquí aparecen varios asuntos muy interesantes. El primero es la expulsión de los judíos, por supuesto, y la conveniencia de hacerse pasar por castellano viejo forrándose a todo tipo de chacinas. Algunos hispanistas han apuntado la más que posibilidad de que el personaje del amo fuera en realidad marrano, y que en los gritos que da cada vez que pide chorizos y morcillas no se ocultara animadversión hacia el mozuelo que lo sirve sino afán de que todos sus vecinos se enteren y aseguren de que come cerdo sin ninguna gazmoñería.
¡Ah, la que también es gazmoña es la morcilla! Claro que es gazmoña, como corresponde a la pitanza de ese querido personaje español que es el hidalgo empobrecío. Mucha apariencia pero poca chicha. En el nerviosismo que esta actitud provoca cuando se practica largo tiempo han justificado otros la mala leche del amo.
Y bueno, la última palabra se entiende en todo el mundo, es de primero de latín: egocomitura= la que me voy a comer yo.
Tráeme la morcilla de la que no te pienso dar nada, ¡animal!
Puro humanismo.
miércoles 4 de noviembre de 2009
martes 3 de noviembre de 2009
Mi querido viejecito
Al ir a comprar el periódic-oh he visto que, salvo en Públic-oh,
todos los tabloides (para no repetir la palabra lo digo en angloide) han puesto en sus portadas una foto de José Luis López Vázquez ya entrado en la senectud. Ahí está, posando con la cabeza un poco ladeada, que es más sentimental. Me da igual lo que digan de él en las páginas interiores: lo encuentro muy triste. Todas esas fotos dan una imagen cursilina, agarrada a la idea del anciano entrañable que despierta ternura por defecto en quien lo oye balbucear sus amarilleados recuerdos. ¿Dónde está la idea de que cuando uno muere deja de ser el que era en su fase final, o en su fase provisional, para reencontrarse consigo mismo en la plenitud de sus facultades? La muerte como reconciliación con nuestro momento esencial. Vaya civilización sentimentalizante y fin de raza.
¡Muy bonito!: lo que han conseguido con esa selección fotográfica es que el personaje que perseguía suecas en las pelis esas sólo reciba a cambio de sus afanes esta cariñosa pero escaqueante frase de boca de la Valquiria Esfíngea, que resume nuestros actos en versos como el disco de Odín, de una sola cara arrugada: Qué entrañable, el abuelito. Pues ese abuelito era un hombre.
Cuando un hombre es además un actor fundamental suele haber a disposición de los que eligen las portadas de los periódicos un fondo inmenso de fotos más ad hoc, no sólo las que parecen de la última entrevista que le han hecho para un suplemento dominical, antes de que se coma unas lentejas. Esas fotos no eran ni de actualidad ni de imaginario colectivo español y tal. Eran fotos elegidas por quien está podrido por el concepto de la entrañabilidad.
Por contraste he pensado en la resurrectina, que nos hace reproducir la escena crucial de nuestra existencia. Como esas fotos no son resurrectina, me veo obligada a deducir que los periódicos en los que las vemos los leemos subidos a los árboles.
Adiós, joven José Luis.
todos los tabloides (para no repetir la palabra lo digo en angloide) han puesto en sus portadas una foto de José Luis López Vázquez ya entrado en la senectud. Ahí está, posando con la cabeza un poco ladeada, que es más sentimental. Me da igual lo que digan de él en las páginas interiores: lo encuentro muy triste. Todas esas fotos dan una imagen cursilina, agarrada a la idea del anciano entrañable que despierta ternura por defecto en quien lo oye balbucear sus amarilleados recuerdos. ¿Dónde está la idea de que cuando uno muere deja de ser el que era en su fase final, o en su fase provisional, para reencontrarse consigo mismo en la plenitud de sus facultades? La muerte como reconciliación con nuestro momento esencial. Vaya civilización sentimentalizante y fin de raza.
¡Muy bonito!: lo que han conseguido con esa selección fotográfica es que el personaje que perseguía suecas en las pelis esas sólo reciba a cambio de sus afanes esta cariñosa pero escaqueante frase de boca de la Valquiria Esfíngea, que resume nuestros actos en versos como el disco de Odín, de una sola cara arrugada: Qué entrañable, el abuelito. Pues ese abuelito era un hombre.
Cuando un hombre es además un actor fundamental suele haber a disposición de los que eligen las portadas de los periódicos un fondo inmenso de fotos más ad hoc, no sólo las que parecen de la última entrevista que le han hecho para un suplemento dominical, antes de que se coma unas lentejas. Esas fotos no eran ni de actualidad ni de imaginario colectivo español y tal. Eran fotos elegidas por quien está podrido por el concepto de la entrañabilidad.
Por contraste he pensado en la resurrectina, que nos hace reproducir la escena crucial de nuestra existencia. Como esas fotos no son resurrectina, me veo obligada a deducir que los periódicos en los que las vemos los leemos subidos a los árboles.
Adiós, joven José Luis.
domingo 1 de noviembre de 2009
Feliz día de todos los santos bebedores
Este es el año del centenario de Malcolm Lowry, cuya novela más famosa, Bajo el volcán, transcurre a lo largo del Día de Muertos en Quauhnahuac. Aquí copio un poema de Lowry que viene muy al caso:
EPITAPH
Malcolm Lowry
Late of the Bowery
His prose was flowery
And often glowery
He lived, nightly, and drank, daily,
And died playing the ukelele
(En traducción de Juan Luis Panero: Malcolm Lowry/fantasma del Bowery/ retórico en su prosa/borrachera penosa/ de noche vivía, de día bebía/y tocó el ukelele hasta el último día.)
El padre de Juan Luis, Leopoldo, nació igual que Lowry en el año 9, y era también aficionado al frasco, qué cosas.
Aquí un epitafio largo que es una canción que queda en la familia:
Y otra plegaria ad hoc:
EPITAPH
Malcolm Lowry
Late of the Bowery
His prose was flowery
And often glowery
He lived, nightly, and drank, daily,
And died playing the ukelele
(En traducción de Juan Luis Panero: Malcolm Lowry/fantasma del Bowery/ retórico en su prosa/borrachera penosa/ de noche vivía, de día bebía/y tocó el ukelele hasta el último día.)
El padre de Juan Luis, Leopoldo, nació igual que Lowry en el año 9, y era también aficionado al frasco, qué cosas.
Aquí un epitafio largo que es una canción que queda en la familia:
Y otra plegaria ad hoc:
sábado 31 de octubre de 2009
El cuarteto de Alejandría en Google Analytics

Me decido a colgar este sencillo palíndromo que compuse ayer
Ah, el celosón nos ole, Clea.
que también podría ser
Ah, el celoso nos ole, Clea.
Mi intención era proponer a mis lectores un acertijo con este palindromín tan ligero. La pregunta iba a ser la siguiente: ¿Quién habla?
Y hete aquí que entre las palabras clave mediante las cuales llegaron ayer los amables lectores a mi blog, me encuentro (entre la habitual curiosidad sobre la cantidad de cabellos que tienen los humanos y las maneras de despiezar un animal cazado) la siguiente frase (que contiene algún error, pero da igual, mi palíndromo también)
"me pregunto quien inventó el corazón humano. dímele y muéstrame el lugar donde lo ahorcaron..."
, lo cual es una coincidencia maravillosa, porque la solución a mi acertijo era Justine, que es precisamente quien dice esa frase en la novela que se llama como ella.
La frase en inglés:
Who invented the human heart, I wonder? Tell me, and then show me the place where he was hanged.
Me parece muy emocionante que un desconocido adivine la respuesta a una pregunta que todavía no he hecho, y además conteste de manera mucho más evocadora de lo que yo esperaba. Estoy segura de que esta situación se podría comparar con algo. Con qué, es el nuevo acertijo.
Etiquetas:
Fotos de escritores,
Palabras clave,
Palíndromos
domingo 25 de octubre de 2009
miércoles 7 de octubre de 2009
martes 6 de octubre de 2009
Chistecitos otoñales
¿Qué le advierte un señor a Fred Astaire cuando se lo cruza por la calle?
¡Cuidado, señor, tiene usted los zapatos desatados!
¡Cuidado, señor, tiene usted los zapatos desatados!
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