miércoles, 17 de junio de 2009

Dos paquetes, cien

In my younger and more vulnerable days, cuando uno salía del metro de Ciudad Universitaria se encontraba con un señor bigotudo que, con un entusiasmo que los estudiantes de primero no conseguían conservar hasta el mes de diciembre, anunciaba a gritos su oferta:

¡Dos paquetessién!

Ofrecía, quien salió del metro lo sabe, dos paquetes de pañuelos de papel por cien pelas. Día tras día, como el tendero que más cómodamente bajo un techo y detrás de un mostrador repite su cantilena -maj cositas-, aquel tipo que se parecía un poco al sheriff de la Vía Láctea iba cantando su canción. En nuestra juventud nos ofrecían pañuelos y en nuestra decrepitud nos ofrecen rosas, qué extraño mensaje.

Pero del mismo modo que gallo que no canta algo tiene en la garganta, gallo que canta siempre lo mismo debe adulterar levemente las palabras mil veces repetidas. Y por eso se dice maj cositas, y por eso aquel hombre no decía dos paquetes, cien, sino dos paquetessién. La adulteración, si uno quiere ser comprendido y conocido por vender algo y no por su extravagancia, que viste mucho y hace el pie pequeño pero no necesariamente da de comer, la adulteración, decíamos, debe ser perceptible pero no perversora, y este ejemplo es bueno porque verdaderamente es difícil pronunciar θ después de S. Aprovechando -¡y agradeciendo!- el ínterín que nos dona la vida cuando acodados en la barra hemos rechazado ya las rosas del vendedor ambulante pero aún no nos han servido las dos cervezas y la racción de oreja a la plancha, probemos a pensar en alguna palabra difícil de pronunciar por contener la mencionada consecución. A mí personalmente, mejorando lo presente y sin que sirva de precedente, la que se me ocurre, quizá condicionada por la racción que espero, es EXCESO. Pero quizá lo que espero sea una reacción excesiva, porque uno siempre está esperando la bofetada.

En fin, basta de churriguerismos, pensar en el exceso y pensar en William Blake es todo uno, y como avisa Baudelaire, el artista aspira a la unidad:

The road of excess leads to the palace of wisdom

(El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría)

¿Podría volver atrás en mi discurso, podría volver a salir del metro aquel?:


19 comentarios:

  1. El camino del exceso donde lleva es a Valdemingómez, a mensajes idiotas de móvil a las tantas de la mañana y a la soledad.

    ResponderEliminar
  2. Bueno, bueno... También tenemos el camino del defecto, que no sé si lleva a la chabola de la sabiduría, al palacio de la necedad o a dónde.

    ResponderEliminar
  3. El camino del exceso lleva al vacío, a la nada, a ese estado tan buscado por el yonki. El no ser, disolución en lo otro, estar fuera-de-sí.¡ Cómo se ve que necesito pasar por la cama!

    ResponderEliminar
  4. Pero bueno, qué cínicos. Banda sonora, aunque algunos lo odien.

    ResponderEliminar
  5. Y yo que siento tanta pasión por los seres excesivos, como Oscar Wilde... Creo que mi español hablado no suena mejor que el del vendedor de rosas, pañuelos o al camarero de la "racción"... las huellas que deja el catalán especialmente sobre el español, no desaparecen ni con el "poder rosa" del kalia vanish oxiaction. :(

    ResponderEliminar
  6. Vegas, puagh. Como dice un amigo mío muy querido, si no sabes tomar caballo, no lo tomes.

    Ya puestos, prefiero esta.

    ResponderEliminar
  7. Sí, también está eso de:
    -¿Qué vos doy?
    Y la satisfacción de volver a casa con 20 duros más que a la ida.

    ResponderEliminar
  8. no estamos todo el rato saliendo sin descanso del metro aquel? Pues claro!!! es como aquello del niño de Rilke que se monta en el palo: "¿Por qué no mentíamos cuando a eso le llamábamos: caballo?"
    Y por supuesto, tambien a mensajes a horas intempestivas y a soledad y a polvos horrorosos, todo uno, todo mezclado.

    ResponderEliminar
  9. No es fácil traducir "wisdom", que, además de sabiduria, quiere decir algo parecido a prudencia o cordura.

    ResponderEliminar
  10. Claramente hemos dado por hecho que el camino del exceso es pasarse las noches sin dormir bebiendo y drogándose como cosacos drogadictos, pero se puede ser excesivo en muchas otras cosas.

    Caviar, ¿es su pasión excesiva?

    J, sigo prefiriendo la de Nacho Vegas, aún puestos.

    ResponderEliminar
  11. Anónimo primero, misterioso:

    ¿Sigue en pie ese chiringo?

    Anónimo segundo, afortunadamente estamos todo el tiempo saliendo, y no entrando.


    No debemos olvidar lo que nos recuerda el anónimo tercero. Así que podríamos decir que cuando uno se cansa de hacer el bestia opta por la templanza. Es que esta poesía tan misteriosa es así de completa y tiene muchos significados, pero sólo es verdad en su forma sin interpretación.

    ResponderEliminar
  12. Por lo que veo en estos comentarios y en todo lo demás, no ha sido tan gratuito empezar con una frase de Scott Fitzgerald, porque esta es otra generación perdida y desaguada.

    ResponderEliminar
  13. Fedro hace horas extra19 de junio de 2009, 20:37

    Si la sabiduría mora en un palacio, no me extraña que, viviendo donde vivimos, seamos tontos de capirote.

    ResponderEliminar
  14. Sí, sigue abierto.
    Pero ya casi nunca te atiende ella.

    ResponderEliminar
  15. No me extraña que no se lo permitan las otras personas que viven del negocio.

    ResponderEliminar
  16. Todo lo que dices es verdad, Barbados.

    ResponderEliminar
  17. Hello people!

    I am new here and I just wanted to say hi!

    Bye everyone!

    ResponderEliminar

Comente.