Este es el año del centenario de Malcolm Lowry, cuya novela más famosa, Bajo el volcán, transcurre a lo largo del Día de Muertos en Quauhnahuac. Aquí copio un poema de Lowry que viene muy al caso:
EPITAPH
Malcolm Lowry
Late of the Bowery
His prose was flowery
And often glowery
He lived, nightly, and drank, daily,
And died playing the ukelele
(En traducción de Juan Luis Panero: Malcolm Lowry/fantasma del Bowery/ retórico en su prosa/borrachera penosa/ de noche vivía, de día bebía/y tocó el ukelele hasta el último día.)
El padre de Juan Luis, Leopoldo, nació igual que Lowry en el año 9, y era también aficionado al frasco, qué cosas.
Aquí un epitafio largo que es una canción que queda en la familia:
Y otra plegaria ad hoc:
Mostrando entradas con la etiqueta Desvencijados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Desvencijados. Mostrar todas las entradas
domingo, 1 de noviembre de 2009
jueves, 10 de septiembre de 2009
Alturas, espíritu
Para conseguir el desplazamiento de los posts y así quitarle de la altura de la cabeza la palabra, de repente y por comparación, demasiado brutal e intestina del título del post anterior al delicado ser que fue Annemarie Schwarzenbach, cuya foto podemos ver a la derecha de estas líneas (a la derecha si las estamos leyendo, a la izquierda si somos estas mismas líneas), publico este post en el que reproduzco el penúltimo párrafo de su artículo Tres veces en el Hindu Kush, publicado en diciembre de 1939:
En el magnífico y cambiante cuadro del Hindu Kush, me falta el verdor fresco, la brisa suave, el conmovedor canto de la primavera. Pero uno no decide sus sueños, y no oso volverme para mirar las cumbres nevadas que se hunden cuando doblo hacia la llanura, pues no me está dado decidir el momento del saludo y de la despedida y trazar la frontera entre realidad y visión.
Y una canción para Annemarie:
En el magnífico y cambiante cuadro del Hindu Kush, me falta el verdor fresco, la brisa suave, el conmovedor canto de la primavera. Pero uno no decide sus sueños, y no oso volverme para mirar las cumbres nevadas que se hunden cuando doblo hacia la llanura, pues no me está dado decidir el momento del saludo y de la despedida y trazar la frontera entre realidad y visión.
Y una canción para Annemarie:
miércoles, 24 de junio de 2009
Lágrimas de cocodrilo

Durante el delirium tremens, el borracho falto de alcohol ve amenazantes bichos que lo rodean. Del mismo modo que el hecho de que uno sea paranoico no significa que no lo persigan, que uno vea bichos cuando no ha bebido no significa que los bichos no estén ahí. Para ocultar lo que eventualmente haya caído dentro, y que sólo lo descubras una vez hayas dado el irreversible trago, la cerveza belga Delirium tremens va dentro de una botella opaca. Y en la etiqueta aparecen unos animales cocidos. Por ahí desfilan unos elefantes:
y también unos cocodrilos, que al contrario que nosotros en este caso van a dos patas.
Es que en eso consiste beber a la belga:
Pero no todo va a ser beber a este lado del Mosela, hombre:
Nos ha encantado.
Los hombres y las costumbres varían según el país, pero el paradójico vino consigue ser universalista y desprendido incluso cuando no es generoso. Otorga su don enternecedor y sentimentalizante a todo el que alce la cabeza para dar un trago. Tiene el efecto de hacernos llorar lágrimas purificantes, y no debe uno mostrarse descreído o suspicaz consigo mismo si, cuando ha bebido, se echa sin remedio a llorar al recordar aparentemente sin razón algunos versos de Dylan Thomas o de Léon Bloy. No seamos desconfiados. Que uno esté borracho no significa que el motivo del llanto no lo merezca: los versos son buenos, la vida es terrible y esas no son lágrimas de cocodrilo. Esas son lágrimas del Jabalón.
jueves, 22 de enero de 2009
Ruano on Baudelaire on Poe
"Es conmovedor: Edgar Poe se levanta un día como un fantasma transatlántico, como un dolmen ultramarino; le sorprende, llama de las callejuelas, en una de sus largas noches lívidas y le dice:
-Mírame bien, Carlos.
Entonces Baudelaire miró y se vio a sí mismo.
Es conmovedor."
En Baudelaire, de César González-Ruano.
-Mírame bien, Carlos.
Entonces Baudelaire miró y se vio a sí mismo.
Es conmovedor."
En Baudelaire, de César González-Ruano.
lunes, 19 de enero de 2009
jueves, 29 de mayo de 2008
Carlos y sus hermanos

La editorial Backlist acaba de reeditar Baudelaire, de César González-Ruano. En la portada sale el retrato que del primero de estos dos desvencijaos hizo Emile Deroy: un joven delgadillo apoya la cabeza en la mano izquierda (signo de melancolía según Robert Burton), y su actitud es diríamos chulescamente tranquila menos por la tensión de la mano derecha, que parece a punto de salir corriendo anywhere out of this world. O que parece estar conteniendo los deseos de estrangularte, burgués asqueroso.
Yo encontré la edición de Austral hace exactamente un mes y la compré conmocionada y cuidadosa como si la transacción estuviera teniendo lugar fuera de este mundo, en el que es muy difícil encontrar libros de González-Ruano, y más a ese precio. El dueño anterior no había escrito su nombre, sólo, con letra muy pulcra y subrayado con regla,
State College. Pennsylvania
Delta Upsilon House.
Diciembre, 1958
Como me quedé muy emocionada por el hallazgo, lo que me he ahorrado en la nueva edición debería gastármelo en llevar una botella de coñac a la tumba de González-Ruano, del mismo modo que todos los años desde hace sesenta, en el aniversario de su muerte, alguien deja una, con tres rosas, en la tumba de Edgar Poe, otro hermano de Baudelaire.
González-Ruano dedica el libro
A la memoria de Juana Duval y
de todas las grandes musas bestiales
y profundas, que dieron de beber agua de sueño a los
grandes desvencijados
Etiquetas:
Actualidad,
Desvencijados,
Fotos de escritores
jueves, 22 de mayo de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

